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Plaza de los cubos: tarde de cine, noche de botellón

octubre 12, 2009

Un perfil de la plaza. Fuente: Sergio SánchezAunque se la conoce como la Plaza de los Cubos de Madrid, en ningún callejero de papel consta como tal. Oficialmente, esta pequeña plaza situada a unos metros al norte de la Plaza de España corresponde realmente a los números 3, 5 y 7 de la calle Princesa. Un pequeño mordisco cuadrangular a la majestuosa calle, en frente del Palacio de Liria. Unos grandes cubos de metal colocados al fondo le dan su nombre. Allí, unos edificios blancos y modernos recuerdan en cierta forma a la ciudad batmaniaca de Gotham.

Colas en una tarde de cine. Fuente: Madrid no duermeLos famosos cines Princesa, uno de los pioneros en Versión Original en la city, a los que se sumaron más tarde los Renoir (en la cercana calle Martín de los Heros), han convertido al lugar en uno de los emblemas cinematográfico de la capital. De hecho, no es difícil encontrar rodajes y presentaciones de películas en horas matutinas. Ya por la tarde el espacio cede al espectador, que acude a los cines en masa, y a los bares, cafeterías y restaurantes de comida rápida o lenta que se han forjado a su círculo.

Por la noche la tranquilidad es pasmosa hasta el jueves, cuando las primeras fiestas y discotecas de la sala Heinekein (antigua Arena) atraen a decenas de jóvenes que, en torno a los Cubos, empiezan a beber. Botellones ‘de baja intensidad’, como los denomina la Policía, pero de importante contaminación acústica. Adolescentes que en su mayor parte berrean cual ciervos en esta época con el fin de cortejar, entre copa y copa plastificada, a sus damiselas chonis. Peleas, discusiones y algunos botellazos que casi nunca llega a mayores se suceden.

La huella del botellón. Fuente: María Palacios Una situación que se repite y multiplica la madrugada de los sábados y los domingos. La apertura de las aledañas salas Low (electrónica) y Tropical House (música latina) facilita el roce, el cariño y la amargura etílica. Y es que las largas colas que genera la discoteca Heinekein cada fin de semana, que en ocasiones llegan hasta la propia Plaza de España, rebotan a más de uno, que prefiere hacer su propia fiesta y esperar a los que salgan sus amigos a las 7 de la mañana. La Plaza, entonces, confusa, intenta hacer honor a su nombre pero con hielos como forma geométrica más acertada y con cubatas como efímero símbolo.

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