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M2, el suplemento madrileño del diario El Mundo abre hoy sus portada con el botellón en el Metro de Madrid, un fenómeno que asocia a las bajas temperaturas. Sin embargo, ya desde hace varios meses se viene viendo esta práctica en el suburbano madrileño. Se trata en realidad de un prebotellón, que comienza sobre las 22.30-23 horas, cuando cientos de adolescentes y veinteañeros salen de fiesta cada noche y toman el Metro, apurando la prohibición de comprobar bebidas alcohólicas a partir de las 22 horas. Una norma horaria que suelen saltarse algunos de los chinos de Madrid, que ni llevan reloj ni han pedido un DNI en su vida y que suelen concentrarse en las típicas zonas botelloneras.
Ansiosos, muchos de los jóvenes no se pueden resistir a tomar la primera copa en los convoyes. Con el hielo y los vasos de tubo recién comprados, sacan la bebida y se rocían un poco de alcohol que comparten con sus amigos. Una forma más de pavonearse ante las féminas, de hacer algo ‘rompedor’ y ‘lleno de adrelanila’ para ellos. Tampoco es difícil ver en estos especiales desplazamientos un cigarro o la elaboración de algún porrillo.
Y claro, junto al alcohol van los gritos, los berridos y la música de los móviles a tope, lo que molesta a los viajeros más maduros, que no dan crédito a lo que están viendo. Los botelloneros del suburbano se hacen dueños de una esquina y se hacen fuertes ante los próximos grupillos de chavales qe van montando al vagón en las siguientes estaciones. Una mirada, un gesto o un comentario pueden desembocar en una discusión, aunque en la mayoría de las ocasiones se queda en amago. Tampoco falta la versión contraria, es decir, el colegeo entre gente desconocida en torno al alcohol. Vamos, lo que es un botellón de toda la vida, pero esta vez en movimiento.
La ausencia de vigilantes de seguridad es notable e incluso afirman desconocer el problema. El personal de la limpieza tampoco es consciente de esta situación, ya que los jóvenes no dejan mucha suciedad a su paso. Son las primeras copas, no van borrachos y los vasos hay que mantenerlos. Eso sí, se quejan de que salidas de estaciones como Ciudad Universitaria, Moncloa, Guzmán El Bueno y algunas de Metrosur acumulan los desechos de esta práctica alcohólica: plásticos, vasos y botellas.
El Metro de Madrid ni sabe ni contesta y dice no conocer quejas de usuarios o reclamaciones de usuarios. Eso sí, si pueden utilizarlo de argumento contrario a abrir el Metro por las noches los fines de semana lo utilizarán sin reparos, tras la vergüenza del aumento a 9 euros el precio del billete de Metrobús para el año próximo. Recuerden, la primera copa ahora se toma en el Metro: de 10 a 12 de la noche los viernes, sábados y vísperas de festivos generalmente en la líneas 1, 10, 6 y MetroSur.



Aunque se la conoce como la Plaza de los Cubos de Madrid, en ningún callejero de papel consta como tal. Oficialmente, esta pequeña plaza situada a unos metros al norte de la Plaza de España corresponde realmente a los números 3, 5 y 7 de la calle Princesa. Un pequeño mordisco cuadrangular a la majestuosa calle, en frente del Palacio de Liria. Unos grandes cubos de metal colocados al fondo le dan su nombre. Allí, unos edificios blancos y modernos recuerdan en cierta forma a la ciudad batmaniaca de Gotham.
Los famosos cines Princesa, uno de los pioneros en Versión Original en la city, a los que se sumaron más tarde los Renoir (en la cercana calle Martín de los Heros), han convertido al lugar en uno de los emblemas cinematográfico de la capital. De hecho, no es difícil encontrar rodajes y presentaciones de películas en horas matutinas. Ya por la tarde el espacio cede al espectador, que acude a los cines en masa, y a los bares, cafeterías y restaurantes de comida rápida o lenta que se han forjado a su círculo.
Una situación que se repite y multiplica la madrugada de los sábados y los domingos. La apertura de las aledañas salas Low (electrónica) y Tropical House (música latina) facilita el roce, el cariño y la amargura etílica. Y es que las largas colas que genera la discoteca Heinekein cada fin de semana, que en ocasiones llegan hasta la propia Plaza de España, rebotan a más de uno, que prefiere hacer su propia fiesta y esperar a los que salgan sus amigos a las 7 de la mañana. La Plaza, entonces, confusa, intenta hacer honor a su nombre pero con hielos como forma geométrica más acertada y con cubatas como efímero símbolo.
Principios de octubre. Un año más cientos de nuevos universitarios llegan por primera vez a la capital. Aunque no lo sepan, muchos de ellos se quedarán en Madrid. De momento y hasta que el tiempo ponga a cada uno en su sitio, los ‘novatos’ se divierten en Ciudad Universitaria y alrededores. Todo este mes la zona de los colegios mayores de Metropolitano y Moncloa es un hervidero de hormonas desorbitadas. Chavales y chavalas de 18 años campan a sus anchas por el lugar, convertido en ‘campo de batalla’ juvenil.


