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Álvaro Ussía, el crimen que cambió la noche madrileña

noviembre 14, 2009

Un sábado como el de hoy hace un año un adolescente de 18 años llamado Álvaro Ussía moría tras recibir una paliza propinada por varios porteros de la ex discoteca cool Balcón de Rosales, situada junto al Teleférico madrileño. No era la primera vez que unos puertas golpeaban a un cliente o se tiraran encima de él como si fueran unos matones. Pero en esta ocasión el chico murió aplastado. Un joven que además era muy querido por sus compañeros de un prestigioso colegio madrileño, que se movilizaron rápidamente para denunciar tan vil homicidio. La prensa reaccionó rápidamente. Juventud, alcohol, muerte, noche y porteros era un cóctel demasiado explosivo para no indigestarse.

alvaroussiaLos políticos, como de costumbre, reaccionaron en caliente y tomaron medidas urgentes, lo que reflejó, una vez más, su desconocimiento de la vida nocturna madrileña. Y es que no la conocen y no quieren entender. Este blog precisamente nació como una ventana que airea lo que pasá cuando en las calles cuando la mayoría duerme y cuando los políticos se duermen en los laureles. Por supuesto que ellos salen, pero a sus restaurantes elitistas, estrenos invitados de obras de teatro y nada más pagano. No se les pide que conozcan de cabo a rabo los vericuetos de la noche, pero al menos deberían encargarse de saber cómo se mueve.

A raíz del caso Ussía, el Gobierno regional, mejor tarde que nunca, impuso que los porteros pasasen un examen teórico y psicológico para poder ejercer. Además, en una medida muy acertada, prohibió que tuviesen antecedentes penales. En los dos exámenes celebrados hasta el momento casi 3.000 personas han conseguido la acreditación. Otra cuestión es que sean muchos más los que cada noche trabajan en la puerta de garitos y discotecas sin el correspondiente carné y los que continúan discriminando, tratando groseramente y chuleando a los potenciales clientes con total impunidad.

Más controvertida fue la posición del Ayuntamiento de la capital. Tras la muerte de Ussía, Gallardón empezó por cerrar el Balcón de Rosales, una local que tenía en su haber más de 50 denuncias de mal funcionamiento de todo tipo o incluso una orden de ciere que nunca se llegó a ejecutar. Los medios de comunicación destaparon el desastre administrativo en la gestión de las denuncias y de las licencias de actividad de las discotecas (caso Guateque bis). Y el alcalde, poco amigo de las modernas y no tan modernas formas de diversión de la plebe, precintó locales tan míticos como La Riviera, But, Moma, Ananda o Macumba, entre otros. La jugada fue tan precipitada y prejuiciosa que esta última macrodiscoteca volvió abril una semana después tras una resolución judicial.

Madrid se había quedado sin La Riviera, una de las pocas salas de conciertos con las que hoy cuenta la capital. La caza de brujas había comenzado. Cada semana se conocía el cierre de un nuevo pub por cualquier deficiencia, conocida anteriormente, pero ejecutada curiosamente ahora. La Policía empezó a entrar en los garitos, a pedir los papeles, a controlar con más exhaustividad los horarios y a tocar aún más los cojones a dueños y clientes. Incluso, los espabilados de la SGAE aprovecharon la ocasión y accedieron a algunos clubs para controlar si lo que pinchaba el DJ era legal. En fin, un certero golpe de fuerza a la noche, que entró en parada cardiorrespiratoria en los últimos meses del año pasado.

heaven2Para colmo de males, en enero un portero y un joven relaciones públicas de la sesión Heaven de la sala Palace fueron acribillados a balazos en plena puerta del local, crimern relacionado con las mafias búlgaras que controlan precisamente la seguridad en este tipo de sitios. La presión era tanta que se vio la primera manifestación de porteros de discoteca de la Historia. Pero la la cosa no acabó ahí, ya que un mes después una redada, de las varias que se pusieron entonces en marcha, acabó con la detención de más de 30 personas por diferentes delitos y varios kilos de coca, hachis y popper requisados en la misma sala Palace que, lógicamente, acabó chapada.

Tras un invierno negro, la sociedad civil comenzó a reaccionar. La falta de control y seguridad de los establecimientos de ocio nocturno no la podían pagar los ciudadanos normales, ávidos de música y diversión. Así, se crearon diferentes plataformas para defender el estilo de vida nocturno pacífico y sin altercados, una noche madrileña variada, segura, más barata y con espacios suficientes para la música y la cultura. No se resistían a quedarse en casa los fines de semana y una necesidad muy demandada no sólo por los jóvenes, sino por los turistas que visitan la ciudad. A día de hoy, aunque la mayoría de las salas clausuradas consiguieron volver a abrir, continúan en esa batalla. Las consecuencias de la dramática muerte de Álvaro Ussía dieron un duro golpe a la noche, pero quizá tamibién abrieron una senda para que los políticos conocieran los problemas de la noche madrileña y entendieran la importancia de revitalizarla. Así sea.

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