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Definitivamente, la electrónica mueve a las masas

enero 3, 2010

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Conoce los detalles previos del SPS Festival pulsando aquí

El Space of Sound festival se ha consolidado como la fiestas más importante del Año Nuevo madrileño. Nadie lo duda, aunque las previsiones de este año quedaron un poco largas. No fueron ni 40 ni 30.000 personas las que se dieron cita el día 1 en el recinto ferial de de la Casa de Campo. Quizá la crisis o el excesivo coste, 100 euros en puerta, hicieron quedarse en casa a más de uno. No obstante, más de 20.000 personas llenaron el lugar, que no se vieron defraudados por el despliegue de luz, sonido y DJ.

Eso sí, la organización del evento dejó bastante que desear. La seguridad prometida brilló por su ausencia en la fila de la entrada, que ni siquiera respondía a ese nombre. Una macrofiesta de este tipo no puede confiar su entrada al libre albedrío de gente joven y excitada. Ya dentro, el público se fue relajando y dejándose llevar por la música. Los más vitoreados, Groove Armada y Simon & Shaker, en el recinto Telefónica Arena, el más grande e imponente. Un brazo metálico con varios brazos en forma de pulpo se despegaba cada poco del techo para descargar miles de watios de luces. En el aire también se descolgaban cada varios horas bailarines vestidos de burbujas de Freixenet que dibujaban acrobacias.

En su máximo explendor. Fuente: María Palacio

Un poco de espectáculo a un evento caracterizado por el alcohol, que corría a raudales durante las primeras horas, apesar de los precios. Diez euros los combinados, cinco el Red Bull. Las drogas, otro hecho constatable en las miradas de los más asiduos. Aunque los servicios no presentaban un alto índice de consumo de estupefacientes. Más bien se quedaban pequeños para su función principal ante el basto gentío que permanentemente circulaba por los pasillos y escaleras que intercomunicaban los diferentes espacios. Y es que la señalización era muy deficiente. Sólo podías guiarte para llegar al Telepizza. El resto, al estilo tradicional, preguntando y dando más vueltas que una peonza.

Las horas caían en el Space rápidamente. Los bailarines se tornaban cada vez más extraños. Niñas medioposeidas con velas en la cresta, momias góticas con sombreros, personal semidesnudo, en pelota, con trajes de luces, con tacones, con sábanas, con vestidos de época… en fin, un batiburrillo con un guión más alocado que Piratas del Caribe. Poco importaba ya. La mayoría repetirá fanea. Ya hay alternativa para que el día oficial de la reseca se convierta en el día en el que las masas bailen a galope de la electrónica.

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