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Sidonie y Vetusta Morla, fin de gira en Madrid

noviembre 11, 2009

Por el enviado especial de Madrid no Duerme Raúl García Serra

Revive con Raúl una GOA en Fabrik. También puedes seguirle en su blog, con interesantes inquietudes personales, pinchando aquí
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Pasado fin de semana. El centro de la ciudad respira aires de concierto. Los bares próximos a la calle Arenal están repletos y la expectación gira en torno a la Sala Joy donde en unos minutos tocará el grupo Sidonie. Los de Barcelona, Marc Ros, Axel Pi y Jesús Senra, acaban de tocar en Valencia y ahora es el turno de incendiar Madrid antes de trasladarse a Londres.

Nunca les había visto en concierto y tenía muchas ganas. Además, los fans de Sidonie sabemos que se trata de un grupo muy controvertido, que no ha recibido mucho cariño en la capital, que son chulos, atrevidos, descarados, juerguistas, trasnochadores y, en definitiva, unos golfos. Detalles que dejaron ver en el escenario cuando, entre canción y canción, se hincaban los cubatas o brindaban con chupitos repartiendo los sobrantes entre el público animadísimo y entregado al máximo.

sidonieCon unas cañas encima (recomiendo la Taberna ‘Quitapenas’, en calle Postas, 15) fuimos directos al concierto. Público de toda España: alocados grupis los de primera fila, más tranquilos los del fondo y alguna que otra cara famosa en la primera planta (como el guitarrista de Amaral o Trancas, al que seguramente le faltó Barrancas, de El Hormiguero), todos coreaban el ‘Incendio’, ‘Costa Azul’ o ‘Bohéme’. Así hasta alcanzar ‘Fascinado’ y ‘On the sofa’, que hicieron las delicias de los más puretillas. Sí, esos que dicen: “Cuando vosotros estábais chupando de la teta yo ya escuchaba a los Sidonie en inglés’, los mismos que no aceptan que al decidir cantar en castellano han triplicado su público.

Las cervezas dieron paso a los pelotazos y, mientras sudábamos cantando, los protagonistas nos dejaron sorprendentes anécdotas, como cuando Marc nos sentó a todos y se bajó entre el público a cantar ‘Giraluna’, momento que aprovechó para hacerse fotos mientras todos sacaban su móvil para inmortalizar tal hazaña. Quizás él no lo sabía, pero se acababa de ganar a todos. Los poco más de 20 euros que costó la entrada ya habían merecido la pena.

vetustaEl viernes le tocó el turno a los de Tres Cantos. El grupo Vetusta Morla, que decidió cerrar su gira en Madrid en los garitos donde empezó todo (El Sol, Caracol, Café La Palma, Joy y La Riviera), colgó el cartel de ‘no hay entradas’ en esta última sala. Pero como siempre, antes de entrar, unas cervezas. En este caso, el lugar obligado es un bar gallego que hay al otro lado del puente sobre el río Manzanares. Se llama ‘El Chacón, el Mesón del Lacón’ y está en la calle de Saavedra Fajardo (se llena los días de concierto).

Repleto como nunca, antes de comenzar el concierto, un alegato: “Qué alegría volver a La Riviera. Hola a todos, hola palmera que, por cierto, a ver si un día te talan”, dijo el cantante Pucho refiriéndose a la palmera que se erige en medio de la sala y que no es el primero que desea arrancar. Más fríos y distantes que los barceloneses, los Vestusta Morla supieron ganarse a una buena parte del público que coreaba sus temas. Seguramente para muchos era su primer concierto; a otros, sin embargo, se les veían incondicionales. El resto, estaban ahí. Repasaron ‘Un día en el Mundo’, su único disco, de cabo a rabo, y cantaron algunas letras nuevas que, seguramente, incluirán en su segundo compacto.

Lo bueno de Vetusta es que gustan a todos, veinteañeros y treintañeros principalmente, pero también cuarentones y algún que otro adolescente. Es el buen rollo escenificado y canciones como ‘Copenhague’ lo demuestran. Otras, como ‘Sálvese quién pueda’, ‘Valiente’ o ‘La cuadratura del círculo’ son capaces de levantar a un muerto de su tumba. Y el viernes, los que allí estuvimos, estábamos de todo menos muertos.

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